Geo-Economic Transits: Mexico's Strategic Opportunities

Global instability is measured through country risk. Economists use the interest rate as a single barometer to capture a country's situation and compare it across borders. From this one figure, a series of inferences can be drawn about where markets and aggregate economic thinking believe things are headed. Some of us trained in both neoliberal and heterodox economics combine that background with geographic precepts to widen the lens, generating scenarios that are by design unconventional, yet o

16.06.2026
Geo-Economic Transits: Mexico's Strategic Opportunities

La inestabilidad global se mide a través del riesgo país. Los economistas utilizan la tasa de interés como barómetro único para capturar la situación de un país y compararla entre fronteras. A partir de esa cifra se puede inferir hacia dónde creen los mercados, o el pensamiento económico agregado, que van las cosas. Quienes nos formamos en la economía neoliberal y heterodoxa combinamos ese bagaje con preceptos geográficos básicos, lo que nos permite aflojar postulados, axiomas y dogmas para generar escenarios más amplios. Este proceso puede producir, admitidamente, visiones fantásticas; sin embargo, en condiciones de alta incertidumbre esas visiones suelen ser las más certeras.

A medida que los mercados financieros han evolucionado, una élite global ha logrado homogeneizar las expectativas en torno a la realidad geoeconómica. Este proceso de economización, que ha moldeado desde la propia economía hasta la sociología (reduciéndola a números), comprime la experiencia humana en factores y sistemas matemáticos sumamente vulnerables a los cambios de paradigma social. La guerra en Ucrania, una posible invasión de Taiwán y la transición energética global son casos ilustrativos. Con una mirada relajada sobre los preceptos económicos y los cánones financiero-sociales, propongo los siguientes escenarios.

En cuanto a la relación México-Estados Unidos, asistimos al desplazamiento potencial más significativo en la historia mexicana posrevolucionaria. A pesar de la resistencia persistente de la sociedad mexicana a la aculturación estadounidense, las generaciones actuales adoptan con naturalidad el modo de vida de su vecino del norte y buscan activamente integrarse a sus sistemas productivos y económicos. Este giro idiosincrásico ha pasado en gran medida inadvertido para las élites de izquierda, que niegan y reniegan de nuestra profunda integración socioeconómica y cultural sin ofrecer una narrativa alternativa. Como resultado, un sentido de pananorteamericanismo avanza por toda la región. Basta observar la feroz y letal oposición de los grupos supremacistas que reconocen la inevitabilidad de esa integración.

Los lazos comunitarios transfronterizos hacen que las ciudades hermanas compartan destinos, desafíos y aspiraciones. El dolor de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez se sintió al otro lado de El Paso. Ese duelo compartido, y el resentimiento común hacia instituciones disfuncionales y cómplices, genera un vínculo de solidaridad en toda esa conurbación. A medida que la integración regional avanzó, con la frontera como testigo principal de las transformaciones del TLCAN, la trayectoria pasó de destinos divergentes a uno unificado. El cambio estructural que siguió al TLCAN, que desplazó a la economía mexicana de la independencia a convertirse en un componente clave de la economía estadounidense, forjó un destino económico común.

Una vez que México se integró a ese destino económico común, las fluctuaciones en tipos de cambio, tasas de interés y PIB comenzaron a moverse en paralelo. El peso muestra ahora una alta correlación con el dólar frente a terceras divisas. México cuenta además con la ventaja notable de una historia de apertura y tolerancia hacia culturas disímiles y regiones contrapuestas. Nuestra cultura es, en esencia, profundamente abierta y tolerante. Reconozco que la pigmentocracia existe, pero México es mucho más que eso. Mientras nuestro vecino siente la necesidad de proyectar dominación global, nosotros no. La destreza diplomática y económica de México posiciona al país como bisagra crítica para construir canales efectivos con economías, élites y sociedades adversarias de Estados Unidos pero potencialmente útiles para el crecimiento de una visión norteamericana compartida.

Mi posición proliberal respecto a la guerra Rusia-Ucrania es de conocimiento público. Lo que queda por establecer es que México puede servir de puente para el diálogo económico regional. Específicamente, el país puede facilitar el tránsito de valor entre regiones que, de otro modo, están vedadas pero son económicamente útiles para su vecino del norte. Ese rol facilitador requiere un esfuerzo claro, inicialmente puramente económico, para construir proximidad con economías potencialmente no alineadas, incluyendo China e India en el corto plazo. Basta observar el costo político y global que India está pagando por sostener al régimen ruso mediante compras de hidrocarburos para comprender que un nuevo sistema económico está tomando forma.

En la misma línea, ser liberal implica reconocer al otro manteniendo límites ideológicos y programáticos claros sobre con quién se interactúa y por qué. México debe abrir ahora nuevos canales de diálogo en industrias estratégicas para construir cadenas de valor globales de emergencia, para cuando su vecino del norte cierre el tránsito económico con ciertas naciones. De igual modo, como esbocé en el diseño de los Atlas de Prosperidad que conceptualicé para ONU-Habitat y ONUDI, el trabajo inmediato de cultivar y atraer contactos incipientes con las élites empresariales asiáticas definirá el futuro económico del país.

El inminente cambio de régimen en Taiwán, combinado con la preparación insuficiente de Occidente para suministrar las herramientas necesarias a partir de este momento, hace imprescindible una comprensión clara del contexto geoeconómico. Estados Unidos tiene un interés particular en preservar el régimen taiwanés por sus capacidades en semiconductores y procesamiento de datos. Perder el acceso privilegiado a esos proveedores generaría una disrupción de corto plazo suficiente para dejar de rodillas a la tecnología de la información en Occidente. La proximidad estratégica a los proveedores globales de semiconductores, y su atracción hacia México, representa por tanto la mayor oportunidad de inversión y prosperidad para la región norteamericana y Occidente en su conjunto.

Concluyo señalando que toda guerra tiene múltiples motores. Los traumas personales (que sí importan), los intereses económicos y los vínculos sociales y culturales se manifiestan todos en las decisiones que se toman en la cúspide. Soy un firme creyente en la paz y la prosperidad compartidas. Esa convicción no oscurece la enorme claridad estratégica con la que veo la oportunidad geoeconómica de México para convertirse en punta de lanza global como terreno neutral para el desarrollo de las tecnologías del futuro.

Preguntas frecuentes

¿Por qué México está posicionado como puente estratégico en el panorama geoeconómico actual?

La profunda integración de México con la economía estadounidense desde la era del TLCAN, combinada con su historia de apertura cultural y una sólida tradición diplomática, lo posiciona para facilitar el diálogo económico entre Estados Unidos y naciones con las que Washington mantiene relaciones tensas. Esto incluye posibles canales de tránsito de valor con China e India.

¿Cuál es la oportunidad de México en la cadena de suministro global de semiconductores?

Si el régimen político de Taiwán cambia y Occidente pierde el acceso privilegiado a sus fabricantes de semiconductores, México podría atraer a los principales proveedores globales de chips y convertirse en un nodo crítico en la cadena de suministro tecnológica de América del Norte y Occidente, representando una gran oportunidad de inversión y prosperidad en el corto plazo.

¿Cómo reconfiguró el TLCAN la relación entre las economías mexicana y estadounidense?

El TLCAN transformó a México, de una economía en gran medida independiente de Estados Unidos, en un componente estructural clave de esta. Los tipos de cambio, las tasas de interés y el PIB se mueven ahora en alta correlación, y los lazos comunitarios transfronterizos han generado destinos sociales y económicos compartidos, particularmente en las regiones fronterizas.

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